jueves, 20 de septiembre de 2012

Luis Cernuda

Contigo



¿Mi tierra? 
Mi tierra eres tú. 

¿Mi gente? 
Mi gente eres tú. 

El destierro y la muerte 
para mi están adonde 
no estés tú. 

¿Y mi vida? 
Dime, mi vida, 
¿qué es, si no eres tú?

Miguel de Unamuno


¿Qué es tu vida, alma mía?, ¿cuál tu pago?, 
¡Lluvia en el lago! 
¿Qué es tu vida, alma mía, tu costumbre? 
¡Viento en la cumbre! 

¿Cómo tu vida, mi alma, se renueva?, 
¡Sombra en la cueva!, 
¡Lluvia en el lago!, 
¡Viento en la cumbre!, 
¡Sombra en la cueva! 

Lágrimas es la lluvia desde el cielo, 
y es el viento sollozo sin partida, 
pesar, la sombra sin ningún consuelo, 
y lluvia y viento y sombra hacen la vida.

Garcilaso de la Vega

Soneto V


Escrito está en mi alma vuestro gesto,
y cuanto yo escribir de vos deseo;
vos sola lo escribisteis, yo lo leo
tan solo, que aun de vos me guardo en esto.

En esto estoy y estaré siempre puesto;
que aunque no cabe en mí cuanto en vos veo,
de tanto bien lo que no entiendo creo,
tomando ya la fe por presupuesto.

Yo no nací sino para quereros;
mi alma os ha cortado a su medida;
por hábito del alma mismo os quiero.

Cuanto tengo confieso yo deberos;
por vos nací, por vos tengo la vida,
por vos he de morir, y por vos muero.

Julia de Burgos


La carrera del mar sobre mi puerta 
es sensación azul entre mis dedos, 
y tu salto impetuoso por mi espíritu 
es no menos azul, me nace eterno. 

Todo el color de aurora despertada 
el mar y tú lo nadan a mi encuentro, 
y en locura de amarme hasta el naufragio 
van rompiendo los puertos y los remos. 

¡Si tuviera yo un barco de gaviotas, 
para sólo un instante detenerlos, 
y gritarle mi voz a que se batan 
en un sencillo duelo de misterio! 

Que uno en el otro encuentren su voz propia, 
que entrelacen sus sueños en el viento, 
que se ciñan estrellas en los ojos 
para que den, unidos, sus destellos. 

Que sea un duelo de música en el aire 
las magnolias abiertas de sus besos, 
que las olas se vistan de pasiones 
y la pasión se vista de veleros. 

Todo el color de aurora despertada 
el mar y tú lo estiren en un sueño 
que se lleve mi barco de gaviotas 
y me deje en el agua de dos cielos.

Francisco de Quevedo

Amor constante más allá de la muerte


Cerrar podrá mis ojos la postrera 
Sombra que me llevare el blanco día, 
Y podrá desatar esta alma mía 
Hora, a su afán ansioso lisonjera; 

Mas no de esotra parte en la ribera 
Dejará la memoria, en donde ardía: 
Nadar sabe mi llama el agua fría, 
Y perder el respeto a ley severa. 

Alma, a quien todo un Dios prisión ha sido, 
Venas, que humor a tanto fuego han dado, 
Médulas, que han gloriosamente ardido, 

Su cuerpo dejará, no su cuidado; 
Serán ceniza, mas tendrá sentido; 
Polvo serán, mas polvo enamorado.

José Martí




Cultivo una rosa blanca
en junio como en enero
para el amigo sincero
que me da su mano franca.

Y para el cruel que me arranca
el corazón con que vivo,
cardo ni ortiga cultivo;
cultivo la rosa blanca.


Antonio Machado


Anoche cuando dormía 
soñé ¡bendita ilusión! 
que una fontana fluía 
dentro de mi corazón. 
Dí: ¿por qué acequia escondida, 
agua, vienes hasta mí, 
manantial de nueva vida 
en donde nunca bebí? 

Anoche cuando dormía 
soñé ¡bendita ilusión! 
que una colmena tenía 
dentro de mi corazón; 
y las doradas abejas 
iban fabricando en él, 
con las amarguras viejas, 
blanca cera y dulce miel. 

Anoche cuando dormía 
soñé ¡bendita ilusión! 
que un ardiente sol lucía 
dentro de mi corazón. 
Era ardiente porque daba 
calores de rojo hogar, 
y era sol porque alumbraba 
y porque hacía llorar. 

Anoche cuando dormía 
soñé ¡bendita ilusión! 
que era Dios lo que tenía 
dentro de mi corazón.

Jaime Sabines




Amor mío, mi amor, amor hallado 
de pronto en la ostra de la muerte. 
Quiero comer contigo, estar, amar contigo, 
quiero tocarte, verte. 

Me lo digo, lo dicen en mi cuerpo 
los hilos de mi sangre acostumbrada, 
lo dice este dolor y mis zapatos 
y mi boca y mi almohada. 

Te quiero, amor, amor absurdamente, 
tontamente, perdido, iluminado, 
soñando rosas e inventando estrellas 
y diciéndote adiós yendo a tu lado. 

Te quiero desde el poste de la esquina, 
desde la alfombra de ese cuarto a solas, 
en las sábanas tibias de tu cuerpo 
donde se duerme un agua de amapolas. 

Cabellera del aire desvelado, 
río de noche, platanar oscuro, 
colmena ciega, amor desenterrado, 

voy a seguir tus pasos hacia arriba, 
de tus pies a tu muslo y tu costado.




Alfonsina Storni


Camino lentamente por la senda de acacias, 
me perfuman las manos sus pétalos de nieve, 
mis cabellos se inquietan bajo céfiro leve 
y el alma es como espuma de las aristocracias. 

Genio bueno: este día conmigo te congracias, 
apenas un suspiro me torna eterna y breve... 
¿Voy a volar acaso ya que el alma se mueve? 
En mis pies cobran alas y danzan las tres Gracias. 

Es que anoche tus manos, en mis manos de fuego, 
dieron tantas dulzuras a mi sangre, que luego, 
llenóseme la boca de mieles perfumadas. 

Tan frescas que en la limpia madrugada de Estío 
mucho temo volverme corriendo al caserío 
prendidas en mis labios mariposas doradas


.

Federico García Lorca




Sólo tu corazón caliente, 
Y nada más. 

Mi paraíso, un campo 
Sin ruiseñor 
Ni liras, 
Con un río discreto 
Y una fuentecilla. 

Sin la espuela del viento 
Sobre la fronda, 
Ni la estrella que quiere 
Ser hoja. 

Una enorme luz 
Que fuera 
Luciérnaga 
De otra, 
En un campo de 
Miradas rotas. 

Un reposo claro 
Y allí nuestros besos, 
Lunares sonoros 
Del eco, 
Se abrirían muy lejos. 

Y tu corazón caliente, 
Nada más



Gustavo Adolfo Bécker

Rima L

Lo que el salvaje que con torpe mano 
hace de un tronco a su capricho un dios, 
y luego ante su obra se arrodilla, 
eso hicimos tú y yo. 

Dimos formas reales a un fantasma, 
de la mente ridícula invención, 
y hecho el ídolo ya, sacrificamos 
en su altar nuestro amor.

Sor Juana Inés de la Cruz

Rosa divina que en gentil cultura
eres, con tu fragante sutileza,
magisterio purpúreo en la belleza,
enseñanza nevada a la hermosura.

Amago de la humana arquitectura,
ejemplo de la vana gentileza,
en cuyo ser unió naturaleza
la cuna alegre y triste sepultura.

¡Cuán altiva en tu pompa, presumida,
soberbia, el riesgo de morir desdeñas,
y luego desmayada y encogida

de tu caduco ser das mustias señas,
con que con docta muerte y necia vida,
viviendo engañas y muriendo enseñas!

Jorge Luis Borges



Soy el que sabe que no es menos vano 
que el vano observador que en el espejo 
de silencio y cristal sigue el reflejo 
o el cuerpo (da lo mismo) del hermano. 

Soy, tácitos amigos, el que sabe 
que no hay otra venganza que el olvido 
ni otro perdón. Un dios ha concedido 
al odio humano esta curiosa llave. 

Soy el que pese a tan ilustres modos 
de errar, no ha descifrado el laberinto 
singular y plural, arduo y distinto, 

del tiempo, que es uno y es de todos. 
Soy el que es nadie, el que no fue una espada 
en la guerra. Soy eco, olvido, nada.

Amado Nervo


El día que me quieras tendrá más luz que junio; 
la noche que me quieras será de plenilunio, 
con notas de Beethoven vibrando en cada rayo 
sus inefables cosas, 
y habrá juntas más rosas 
que en todo el mes de mayo. 

Las fuentes cristalinas 
irán por las laderas 
saltando cristalinas 
el día que me quieras. 

El día que me quieras, los sotos escondidos 
resonarán arpegios nunca jamás oídos. 
Éxtasis de tus ojos, todas las primaveras 
que hubo y habrá en el mundo serán cuando me quieras. 

Cogidas de la mano cual rubias hermanitas, 
luciendo golas cándidas, irán las margaritas 
por montes y praderas, 
delante de tus pasos, el día que me quieras... 
Y si deshojas una, te dirá su inocente 
postrer pétalo blanco: ¡Apasionadamente! 

Al reventar el alba del día que me quieras, 
tendrán todos los tréboles cuatro hojas agoreras, 
y en el estanque, nido de gérmenes ignotos, 
florecerán las místicas corolas de los lotos. 

El día que me quieras será cada celaje 
ala maravillosa; cada arrebol, miraje 
de "Las Mil y una Noches"; cada brisa un cantar, 
cada árbol una lira, cada monte un altar. 

El día que me quieras, para nosotros dos 
cabrá en un solo beso la beatitud de Dios.

Ruben Dario

¡Día de dolor, 
aquel en que vuela para siempre el ángel 
del primer amor!


           Mia
Mía: así te llamas. 
¿Qué más harmonía? 
Mía: luz del día; 
mía: rosas, llamas. 

¡Qué aroma derramas 
en el alma mía 
si sé que me amas! 
¡Oh Mía! ¡Oh Mía! 

Tu sexo fundiste 
con mi sexo fuerte, 
fundiendo dos bronces. 

Yo triste, tú triste... 
¿No has de ser entonces 
mía hasta la muerte?

Gabriel Mistral


Velloncito de mi carne, 
que en mis entrañas tejí, 
velloncito friolento, 
¡duérmete apegado a mí! 

La perdiz duerme en el trébol 
escuchándole latir: 
no te turben mis alientos, 
¡duérmete apegado a mí! 

Hierbecita temblorosa 
asombrada de vivir, 
no te sueltes de mi pecho: 
¡duérmete apegado a mí! 

Yo que todo lo he perdido 
ahora tiemblo hasta al dormir. 
No resbales de mi brazo: 
¡duérmete apegado a mí!